Desconozco cuánto dinero se va a gastar el ya maltrecho económicamente (M-30 mediante) Ayuntamiento de Madrid en instalar acceso WiFi en todos los autobuses de la EMT, pero os anticipo que no va a ser una cifra despreciable. También desconozco cuál va a ser la técnica que se empleará para proveer a los autobuses de una red de acceso móvil de banda ancha, aunque lo más probable (y razonable) es que contraten dicho servicio con algún proveedor de telefonía móvil para que el acceso se realice vía 3G (UMTS/HSDPA) que pagaremos todos los madrileños (utilicemos o no el autobús) por medio de nuestros impuestos.

Lo que sí sé es que esta medida, más publicitaria que efectiva, es una prueba más de la ligereza con la que los políticos se gastan (y despilfarran) el dinero público en cosas que no son ni necesarias, ni prioritarias, ni mucho menos exigidas por nadie. Porque alguien deberá explicarme qué utilidad tiene disponer de acceso WiFi en el interior de los autobuses, cuando es muy poco probable que un usuario se atreva a sacar su ordenador portátil en un masificado autobús, y cuando el porcentaje de población que dispone de un teléfono móvil con acceso inalámbrico tipo WiFi es más bien reducido (a no ser que Gallardón se disponga también a regalar iPhones, iPods Touch o HTC Touch a los madrileños). Una cosa es que lo haga una empresa privada en un servicio donde dispones de tiempo y espacio para disfrutar de dicha conexión, y que pagan los usuarios del propio servicio (aunque sea "gratis") y otra que una empresa pública se gaste una generosa cantidad de dinero público en algo a todas luces inútil.

Pero, ¿y lo bien que va a quedar de cara a la campaña de Madrid 2016 decir que en Madrid tenemos unos autobuses chupiguays con acceso a Internet? Porque es lo único de lo que se trata, de propaganda. Una propaganda de nulos beneficios para el usuario y muy cara, pero propaganda al fin y al cabo.

Viva el dinero público… ese que no es de nadie.