Hace unos meses leí un artículo editorial en el británico Financial Times titulado de forma muy similar a como yo he titulado esta entrada. En él comentaba lo que a juicio del autor había sido un error de bulto de la Alianza: la expansión de la Alianza hacia el Este, rompiendo la promesa que Bush padre había hecho a Gorbachov.

Según el artículo del FT tras la caída de la URSS llegó un momento (hasta hace unos años) en el que EEUU y sus principales aliados occidentales consideraron que Rusia había perdido toda relevancia en el escenario político-bélico internacional. De ahí que la alianza se permitiera el lujo de extender sus límites hasta las mismas puertas de Moscú para luego rechazar la entrada de Rusia en la misma, humillación que todavía está presente entre los dirigentes rusos.

El articulista argumentaba que la ampliación de la OTAN hacia el Este no había aportado nada a la misma, excepto más burocracia y complicaciones, ya que los nuevos países no constituían (quizás a excepción de Polonia) potencias bélicas en sí mismas. Y por el contrario se había alejado la posibilidad de un entendimiento y colaboración con Rusia, entendimiento y colaboración más que necesarios ahora que se tiene en el ojo del huracán a Irán. Cualquier decisión que se adopte internacionalmente respecto a Irán debe contar con el apoyo de Rusia (y el de China) y con la permanente provocación a la antigua potencia soviética se estaba alejando a un aliado imprescindible. Hasta ahí el artículo del FT.

Pero todavía hay más razones para considerar esta política de expansión hacia el Este un error. Rusia, tras firmar con China el "Tratado de Buena Vecindad de Amistad y Cooperación" en julio de 2001, dejó de ser el cero a la izquierda político de antes, produciéndose una simbiosis que ha disparado el geopoder, la economía y el potencial industrial y energético de ambos países.

Por otro lado, con la extensión de Al-Qaeda por el Magreb, se complica (y complicará mucho más) el suministro energético de Europa por el sur del Mediterráneo, por lo que la mayoría de las fuentes energéticas tendrán que pasar por (o provenir de) Rusia y sus satélites. El recién finalizado enfrentamiento entre la rusa Gazprom y Ucrania ha puesto en jaque a muchos países europeos, ya que el 80% del gas ruso que llega a Europa lo hace a través de Ucrania.

Esta dependencia energética de Rusia está a su vez dinamitando la Alianza desde dentro. Como se indica en El Alijar, "Francia, Alemania e Italia no pueden permitirse un enfrentamiento abierto con Rusia, y hace tiempo que están obligados a templar su postura en muchos asuntos, y en su participación en la OTAN también". De hecho, las desesperadas peticiones del Secretario Norteamericano de Defensa Robert Gates a los aliados europeos para que se comprometieran más en Afganistán se han saldado con la negativa de Alemania y con una postura francesa que todavía no ha quedado definida.

El último capítulo en esta historia de desamor lo hemos vivido hoy, cuando han trascendido las amenazas de Putin tras su reunión con Viktor Yushchenko ayer en Moscú: si Ucrania ingresa en la OTAN, Rusia apuntaría sus misiles hacia la república ex-soviética. Aunque Putin nos tiene acostumbrados en los últimos años a una exagerada y belicosa incontinencia verbal, conviene no despreciar sus amenazas que podrían venir más por el lado energético que por el bélico.

Agravar aún más las relaciones OTAN-Rusia es algo que EEUU ni necesita ni puede permitirse, por muy interesado que esté en desplegar su escudo antimisiles en Ucrania. Tal y como informa la agencia rusa RIA Novosti, "en el mejor de los casos, Ucrania podrá ingresar en la OTAN no antes del 2017, después de que salga de su territorio la base militar de un país extranjero (Rusia) que no es miembro de la Alianza", ya que Rusia y Ucrania tienen firmado un acuerdo por el que el primero tiene desplegada una base militar en las costas del segundo, en el Mar Negro. No existe necesidad de dar este paso ahora, justo cuando Irán decide crear un caza "stealth" y sigue lanzando misiles al espacio.

De hecho, la situación se va complicando para los norteamericanos (y para todo occidente) por momentos. Rusia ha comenzado a redireccionar el tráfico energético hacia el este (China, Japón y el este asiático), y Gazprom está dispuesta a financiar un gasoducto que enviaría gas desde Irán a Paquistán y La India. Este acuerdo Ruso-Iraní haría muy difícil la intervención de EEUU en caso de conflicto entre Irán e Israel.

Así, con la tripleta Rusia-China-Irán, y con la mitad de Europa sometida a los rusos mendigando su gas, EEUU estaría muy cerca de ver cumplida la profecía que el geopolítico inglés Sir Halford John Mackinder pronuncio en 1904: la Teoría del HeartLand.

Seguir agravando las relaciones con Rusia sólo perjudicará a la OTAN en primera instancia, y a EEUU, Europa y las relaciones trasatlánticas después, justo en el momento en el que más se necesita la colaboración rusa en los asuntos sin cerrar de Irak y Afganistán, y el próximo en abrirse, Irán.

Confío que no se sigan dando pasos en esta dirección.