Abducido por el Teddy Bautista francés, el gobierno de Nicolas Sarkozy ha lanzado una agresiva propuesta para combatir la piratería en Internet. Pero lo increíble de la historia es que parece haber conseguido el acuerdo de proveedores de Internet y la industria de contenidos. Empleando una nueva tecnología (que no se detalla en qué se basa), será una autoridad independiente (¿la SGAE francesa?) quién advertirá a los usuarios y a su proveedor de servicio que se están produciendo violaciones de la propiedad intelectual. Tras una serie de avisos, si el “pirata” insiste en su actitud pecaminosa, el acceso a Internet le será cortado.

¿Cómo distinguirán el tráfico ilegal de archivos compartidos del tráfico legalmente descargado de Internet? Nadie lo sabe, pero algunas compañías ya han dado la voz de alarma (Dailymotion and Kewego), advirtiendo que se trata de una violación al principio de “presunción de inocencia”.

Y esto, dejando al margen el asalto a la privacidad de los usuarios de Internet que esta “nueva tecnología” puede suponer, en manos de una “entidad independiente” que puede ser cualquier cosa, menos bueno. Y en un país tan acostumbrado al intervensionismo, menos aun.

De todos modos desde España no tenemos nada que envidiar a los franceses. Aquí ya se ha empezado con la censura en Internet, y las pretensiones de la SGAE, que nunca se cansará de pedir y exigir, pueden convertir a la LISI en el verdugo de los proveedores de acceso a Internet. Muerto Internet, se acabó el problema. En Bélgica, están a punto:

In Belgium, in a case brought by Sabam, an organization representing authors, composers and publishers, a court ruled last summer that an Internet service provider called Scarlet should be required to filter out illegal online exchanges of music via peer-to-peer networks. The court gave Scarlet until the end of this year to install the necessary safeguards; Scarlet has appealed.

Estoy ansioso por saber cómo van a filtrar todo el tráfico y dejar fuera el ilegal.

Todo para que la industria de contenidos no tenga que adaptarse a las nuevas normas del mercado. Y nadie parece querese dar cuenta que ello no es más que la prolongación artificial de la vida de un enfermo ya terminal. Es sólo cuestión de tiempo.