Tras el móvil, las redes inalámbricas se han convertido en el siguiente frente de batalla de los tecnófobos que pretenden sumir a la humanidad en la Edad Media tecnológica. Es curioso que los que alertan del uso de las redes inalámbricas y sus (supuestos, porque nadie lo ha podido probar) efectos nocivos sobre la salud son los mismos agoreros del calentamiento global y el cambio climático.

Lo publicó ayer el Internacional Herald Tribune: “Some environmentalists are already demanding restrictions, and government officials in some countries are issuing warnings to limit use and seeking reviews of the long-term health impact of exposure to wireless networks and mobile telephones”. Es decir, nadie ha probado que sean perjudiciales, nadie ha podido comprobar ninguna correlación entre las redes inalámbricas (de ínfima potencia comparada con las emisoras radio que llevan años y años instaladas en los vehículos de la policía, bomberos, guardia civil, y flotas de vehículos) y el desarrollo de tumores, pero ya se están planteando restricciones “por si acaso”.

Mientras tanto, un estudio de 8,8 millones de libras (unos 15M€) financiado por el gobierno británico ha demostrado que no hay efectos nocivos en el corto plazo. Pero esto no parece ser suficiente, ya que “el largo plazo no ha sido analizado”.

Por lo tanto, lo más recomendable es empezar a prohibir: en Francia un grupo ecologista ha conseguido presionar a dos de las más importantes cadenas de supermercados, Auchan y Carrefour, para que no pongan a la venta el Kiditel, un teléfono especial equipado con GPS que permite tener localizados a los niños. 

Obviamente, los políticos europeos cederán ante este pánico. Al fin y al cabo se trata de votos,  e indirectamente, de limitar el acceso a un medio libre de información y expresión como es Internet. El ministro francés de salud, Le Calvez, apoya la prohibición de la venta de teléfonos móviles destinados a los niños.  Y en Frankfurt se ha detenido la implantación de redes wireless en los colegios “hasta que se asegure que no hay efectos nocivos sobre la salud”.

Las redes inalámbricas ante la tesitura de tener que demostrar su inocencia, en lugar de que otros tengan que probar su culpabilidad.

Por las noches oigo un zumbido y no puedo dormir” [Declaración de una afectada por una estación base de telefonía móvil instalada en su edificio unas cuantas plantas más arriba, estación que aun no había sido puesta en servicio].